Coinciden en plataformas dos documentales musicales de bandas icónicas (los Wings del ex-Beatle y R.H.C.P.), ejemplos ilustres de carreras eclécticas que, partiendo de arranques trémulos, han sobrevivido a modas, décadas y vaivenes
Vamos a hablar de música, pero esta es la sección de cine. Así que vamos a hablar de pelis, pero que son documentales. Documentales musicales. Y para ver en casa, que los cines están atestados de fans acérrimos de Torrente. Y de fans de su nueva película, también.
Y es que coinciden en plataformas dos documentales musicales de bandas icónicas, los Wings y Red Hot Chili Peppers, que son ejemplos ilustres de carreras eclécticas que, partiendo de arranques convulsos, han sobrevivido a modas, décadas y vaivenes.
Dos trabajos interesantes que compensan de sobra el rato frente al televisor, cosa que no siempre se puede decir.
PAUL McCARTNEY: MAN ON THE RUN (PRIME)
En el 71, McCartney había dejado los Beatles (o los Beatles le habían dejado a él, entonces no estaba claro), se había casado, había tenido un hijo, se recuperaba de una depresión en una granja en mitad de la nada (o sea, Escocia) y estaba fundando los Wings. Era una persona casi anciana: tenía 29 años.
Un «hombre a la carrera», alguien en el limbo tras estar en la banda mas famosa del planeta, un tipo solo en lo personal y seco en lo musical, odiado por la prensa y una parte no precisamente menor del publico británico.
Pero se tiene o no se tiene. Y ‘Macca’ lo tenía.
Con unas alucinantes imágenes de archivo de los Wings actuando en el Madison Square Garden, con Ringo Starr entre el público, el docu no obvia partes tan peliagudas como que los Wings fueron una banda con dos estrellas (Paul y su mujer, Linda) y varias comparsas con una rotación mayor que la de los camareros de un festival de verano. Pero la recuperación de un grupo un punto ninguneado por la Historia y, sobre todo, el modo en el que está narrada su historia, hacen que el viaje valga la pena.
RED HOT CHILI PEPPERS: NUESTRO HERMANO HILLEL (NETFLIX)
Inadaptados de extrarradio en el Los Ángeles de principios de los 80, Anthony, Hillel y Flea eran tres críos a los que nadie hacia ni puto caso en el instituto. De familias disfuncionales, los tres chavales, pura carne de cañón, decidieron mezclar el punk rampante de la época con trazas de rap y funk. El resultado fue tan frontal e inesperado que sus apisonadores directos viajaron de los garajes del underground a la televisión de todo el país.
Pero cuando se apagaban los focos y los gritos se aplacaban, la banda tenía un serio problema: La heroína les dejaba fuera de circulación durante días y, en ocasiones, semanas. Desgraciadamente, no todos los miembros llegaron a la ola definitiva que les llevaría de salas a estadios y les convertiría en estrellas mundiales.
«El origen de los Red Hot Chili Peppers: Nuestro hermano Hillel» se ve con un nudo en la garganta. Un documental que demuestra que, cuando los sueños se hacen realidad demasiado deprisa… pueden aniquilarte.
Que se lo digan a Nirvana.


