Hablamos con la banda madrileña solo unos días después de reventar el Movistar Arena con un directo arrollador, unos hits eufóricos y un indisimulado intento de transversalidad apto para (casi) todas las audiencias, pues no todo es blanco o negro… excepto las «zebras», claro
El pasado sábado, 24 de enero, el grupo madrileño Sexy Zebras ofreció en casa, en el Movistar Arena, el concierto más grande de su carrera, una trayectoria que arrancó en el barrio de Hortaleza en 2005 y que, veinte años y seis álbumes después, acaba de alcanzar su punto álgido, quedando además la sensación de que todavía no ha tocado techo.
Y es que no, no es la de Gabriel Montes (voz, bajo), José Luna (guitarra, coros) y Jesús Luna -supliendo al anterior Samuel Torío– (batería) una historia de éxito rotundo ni instantáneo, sino un largo camino en el que al trío le ha tocado picar piedra y autoconvencerse más de una vez de que era posible triunfar y hacerlo a la vieja usanza, con la supuestamente caduca fórmula del rock como fórmula.
Y vale que empezaron más duros y ásperos y que su imagen y sonido se puede haber dulcificado con los años, pero cierto es también que hablamos de un proyecto totalmente reconocible hoy día: plenamente electrificado y con el volumen bien alto, de estribillos sin rodeos, coros víricos y una actitud y entrega en directo fuera de toda duda. Los («putos») Sexy Zebras lo dan todo en concierto y, más allá de las canciones, que las tienen, sus actuaciones en festivales no han hecho sino agrandar y agrandar su lista de seguidores y su vitola de «grupo que hay que ver si quieres pasarlo bien y estar de buen rollo». Porque lo que sí han cambiado es la mala hostia por euforia.
Ahora, tras marcarse en el marco del Inverfest «el pogo más grande de Madrid», el trío aterrizará en Bilbao aprovechando el contexto de Negufest, la versión vasca del ciclo de conciertos de invierno, en el que seguro que el 7 de febrero nadie pasa frío en la sala Santana 27. Antes de ello, les hemos pegado un telefonazo y, aunque con los tres al aparato, ha sido Jesús quien esta vez ha llevado la voz principal, «que Gabi viene de dar muchas entrevistas y no queremos repetirnos», resume el bajista. OK, pues vamos allá.

Sexy Zebras en el Movistar Arena // The Music Republic
La primera es inevitable: ¿Qué tal después de llenar un Movistar Arena?
Estamos felices, alegres… no solo por nosotros. Sentimos que a lo largo de estos años ha habido mucha gente consciente de nuestro camino recorrido, sea familia, público… y, bueno, sentimos que tenemos el mejor público del mundo.
Es curioso, porque lleváis un montón de años en esto… pero hay quien os ha conocido ahora. No todo ha sido petarla en festivales o dar grandes conciertos con entradas agotadas.
Sí, claro. El otro día, con los nervios, casi infantiles ante una primera vez, realmente te das cuenta de que llevas 15 años recorriendo España y que te iban a ver 10 personas, 15, 20… te das cuenta de que, después de ser tan pesado e intentarlo tanto, te encuentras en el Movistar Arena con tus amigos y haciéndolo bien. Cada artista tiene su proceso, pero el nuestro ha sido el de ir trascendiendo a los obstáculos con fuerza brava. Un largo recorrido, pero con la misma ilusión de cuando empezamos.
¿Cuándo hizo clic la cosa, con “Calle Liberación”, en 2022?
Sí, aunque es un poco engañoso, porque la vida de una banda, como de una persona, está llena de clics. La gente ve uno concreto, como puede ser el de “Calle Liberación”, pero hubo más clics: decisiones, reflexiones. Fue un momento en el que salió Samu de la banda, entró Jesús y decidimos continuar cuando parecía que estaba todo perdido. Encontramos un ancla en ese disco. En momentos de tristeza profunda, de shock o de crisis la vida funciona a veces con momentos de catarsis. Visto de esa manera, sí, el disco fue un clic, un gran punto de inflexión.

Sexy Zebras, liberados
Hay bandas que cambian el discurso, sonoro, estético, discográfico. No os habéis movido de sitio ni de estilo, entre comillas. Sí que es verdad que quizá canciones como “Hijo de puta” hoy sonarían demasiado crudas y que antes teníais un poso más pesado, más hard rock, por buscarle algún matiz. Quizá ahora resultéis más amables, más pop, aunque sin perder la esencia.
Estoy muy de acuerdo. Un buen amigo en México nos vio tocar con la nueva formación tras conocernos de los inicios y me dijo: ‘Wey, antes teníais una onda como más rabiosa y ahora la veo más psicodélica y amorosa’, ja, ja. Hemos sabido transformar la rabia en una visión más hacia nosotros mismos, más constructiva, pero la esencia siempre ha sido la misma. En los primeros discos también había momentos más pop. Son ingredientes que hemos ido reconociendo en nosotros, donde caben espacios de sensibilidad pero también de fuego o brutalidad. Eso nos hace únicos, un poco de blanco y un poco de negro, je, je.
Ahora cantáis en contra de la crispación, de la polarización. No todo es negro o blanco, como dices. Excepto las cebras, claro.
Efectivamente. En vez de tirar dardos hacia fuera empezamos a hacer canciones aparentemente más de amor pero que van más de reconstruirse uno mismo antes de destruir al otro.
Yo reconozco que “Bravo”, la canción, me dio bastante repelús al principio. Un poco en la línea de lo que cantan Ojete Calor irónicamente cuando dicen que “Ni nazis ni judíos”. Sinceramente, yo no abrazaría a mi vecino fascista. Pero entiendo que la finalidad de la canción, el mensaje, pretende ser positivo.
Eso es. Como artista a veces hay que asumir que vas a crispar, a incomodar, y yo creo que nos hemos ganado licencia para ello. A veces el vacile o descolocar un poquito puede estar bien. Pese a que no estemos de acuerdo con cualquier tipo de pensamiento, creemos que atacarlo solo lo va a aumentar, así que intentamos ver al otro como un opuesto más que como un rival. Tenemos que empezar a complementarnos, a acercarnos. Ese mensaje de concordia es algo muy “Zebras”. Y ver en nuestros conciertos a gente de todo tipo, de todas las edades, donde poderse olvidar de tantas heridas, de tanta historia, de tanta crueldad, es cuanto menos una fusión nuestra que sentimos en nuestras carnes.
Estáis llegando a públicos muy amplios, muy diferentes e incluso divergentes. Y de ahí el éxito, supongo. Por supuesto, apoyado en canciones que podrían ser casi todas singles, y en un directo arrollador.
También hay intuición, que no somos muy inteligentes a veces, pero en otras hay momentos de claridad. Además, tenemos una vocación de ir deconstruyendo heridas que pesan sobre todos y tratar de aportar una mirada más radical, pero radical desde la alegría, desde cierta compasión, entendiendo que cada persona vive su proceso y tiene sus ideales. Nosotros, desde nuestro lado humorístico o divertido, conseguimos crear un espacio que nos relaja a todos. El día a día es muy cansado, hay mucho enfrentamiento, hay que estar reactivo, resistir… pero llegar a un concierto y poder expresar algo tan tribal del ser humano como bailar un rato todos juntos y liberar esa tensión, yo creo que nos conecta.
Tenéis muchos tics de banda grande de rock. Pero también el sonido. Y no dejáis de ser un power trío clásico. Ni trampa, ni cartón.
Nuestras canciones todavía están más hechas para el directo y la gente entiende mejor a la banda cuando la ve en concierto. Podríamos habernos liado la manta a la cabeza y hacer algo más procesado, pero esto es lo que somos, esto es lo que hay, lo que nos sienta bien. Nos hemos mantenido en nuestro sitio, sin adoptar un papel que no nos sienta bien. Y si le gusta a la gente, bien, y si no… actuaremos para cinco personas.
Conozco a gente de más de 40 que no había bailado pogo en su vida, hasta dar con vosotros. Me sorprende mucho lo intergeneracional de vuestro éxito. Hay padres e hijos que son fans. He llegado a ver a una familia completa con camisetas vuestras.
Mi madre tiene 70 y me dijo ayer que porque estaba en la grada y le daba un poco de vergüenza, pero que la próxima se iba a meter ahí abajo. Es cuestión de conectar con ese espíritu, con esa alegría, no dar tanta importancia a las cosas. Un par de líneas y una melodía pueden abrirte ese espacio y, si encima el público va predispuesto…

Sexy Zebras
Habéis logrado también que la gente utilice frases vuestras a modo de coletilla, que convierta el estampado de cebra en atuendo ‘fashion’ y que no dude en ponerse pelucas rosas sin necesidad de que sea carnaval. Ojo, que hay mucho iconismo ahí. Esas son las cosas que crean comunidad.
Una peluca puede quitarle pretensión a todo. Nos la pusimos para hacer el tontaco en un vídeo y, mira, la gente la hace suya. Lo mismo pasa con frases, que pueden ser sencillas, pero que calan en el inconsciente colectivo. No sé si es un logro o la consecución de algo que no entendemos ni nosotros mismos.
Conocemos a un fan de Bilbao que va a casi todos vuestros conciertos y que reparte en ellos unas 400 o 500 pegatinas del grupo. Esos fans tenéis.
Uno escribe unas letras, otro toca la guitarra, otro toca la batería, otro es técnico de luces… hay muchas maneras de vivir esta experiencia colectiva, cada uno la vive desde su lugar. Y hay gente que lleva 20 años ahí acompañándonos.
Ahora os toca Bilbao, justamente. Más recogido que en Madrid, pero vaya, que Santana 27 son 1.500 personas, que no es poco. Meter 500 ya era una pasada no hace tanto, eh…
Cada lugar tiene su peculiaridad y es precioso, pero tenemos mucho cariño a Bilbao; yo tengo primos allí porque la familia de mi madre se mudó a Barakaldo cuando ella era pequeñita, para trabajar en Altos Hornos. Llevamos muchos años yendo y viendo cómo va creciendo todo allí también. El público del norte tiene un criterio musical muy afilado, así que sentirnos tan arropados allí es maravilloso. A veces se malentiende ese cliché de ser más fríos, pero hay mucho de honestidad en ello. Y nosotros no dejamos de ser un grupo de salas.
En visitas anteriores habéis estado después pinchando, haciendo afterparty. ¿Seguís saliendo de fiesta y dándole al “jaleo”?
Sí, Gabi tiene buen ‘taste’ y le gusta hacer pinchadas, pero yo creo que aquel día me retiré pronto. Hemos tenido muchos años de festejar y ahora ya con la edad uno va eligiendo los momentos, los cuerpos tampoco son lo que eran, ja, ja, y somos gente con la cabeza en su sitio. Pero si hay buena conversación y gente con la que merece la pena alargar, sí que podemos alargarlo.
Planes, agenda, festivales…
La sensación, con todo lo que está pasando, es de mantener la calma, porque estamos donde queremos estar. Los planes son hacer canciones que sean un poquito mejor o que cuenten algo de otra manera, así que ese será nuestro foco: seguir haciendo canciones cuando lo sintamos y seguir saliendo a tocar mientras haya gente que nos quiera escuchar. Obviamente, va a haber un verano cargado de festivales y grabaciones a la vista.
Sexy Zebras estarán el 7 de febrero en Bilbao (Santana 27), el 13 de febrero en Valencia (Roig Arena), el 20 de febrero en Zaragoza (Sala Oasis) y el 21 febrero en Barcelona (Razzmatazz).

