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Los 41 mejores discos de 2013 (de momento), cuarta parte: El Top 10

Ahora que nos vamos acercando al ecuador del año y que el verano, inevitable punto de inflexión de nuestras actividades, está a punto de hacer acto de presencia, es buen momento para detenerse a hacer un resumen. A continuación, la parte 4 (de 4)

 


Ahora que nos vamos acercando al ecuador del año y que el verano, inevitable punto de inflexión de nuestras actividades, está a punto de hacer acto de presencia, es buen momento para detenerse a hacer un resumen. A continuación, la parte 4 (de 4)

 


 

A finales de 2012 publicamos una lista con «Los 50 discos más esperados de comienzos de 2013«, en previsión del gran aluvión de lanzamientos que nos iba a deparar el presente año. Ahora que nos vamos acercando al ecuador del ejercicio y que el verano, inevitable punto de inflexión de nuestras actividades, está a punto de hacer acto de presencia (confía, confía), es buen momento para detenerse a hacer un resumen, ¿no te parece?

 

Como comprobarás, están muchos de los trabajos que ya te avanzamos en nuestro informe de hace unos meses. Otros, sin embargo, se han quedado fuera, bien por no cumplir las expectativas, bien por no haberse publicado aún, bien por… ¡porque todos no caben! Y es que, como siempre pasa con esta cosa de las listas, no están todos los que son, pero…

 

Tras la primera, la segunda y la tercera parte llegan Los 41 mejores discos de 2013 (de momento), cuarta parte (del 20 al 11).

 

10. DEPECHE MODE – DELTA MACHINE (MUTE / SONY)


depeche mode delta machine portada bifm

 

 

Carente de singles claros (más allá de «Soothe my Soul«), el decimotercer álbum de Depeche Mode es, sin embargo, una reivindicable obra. Con Ben Hillier de nuevo tras los mandos técnicos (él también fue el productor de los decepcionantes «Playing the Angel» y «Sounds of the Universe«), el trabajo tiene un toque retro que nos hace recordar a los Depeche Mode históricos (si bien se ha vendido como heredero directo de «Violator» y tampoco es eso), pero también da muestras de querer avanzar en sentidos diferentes, incluso nuevos para este veterano combo, santo y seña del rock tecnificado que, por suerte, aún no ha perdido las ganas de experimentar. Y por eso nos gusta «Delta Machine«, porque recupera el legado del trío y, a la vez, demuestra que Gahan, Gore y Fletcher no (solo) viven de las rentas. Pasado, presente y futuro para una banda ya legendaria.

 

 

9. JIM JAMES – REGIONS OF LIGHT AND SOUND OF GOOD (COOP / MUSIC AS USUAL)


 

 

 

 

El cantante de My Morning Jacket, influenciado por la novela gráfica «God’s Man» (1929) de Lynd Ward, publicaba este año su primer disco oficial como solista. Un trabajo pleno de amor, de espiritualidad, de misticismo, pero carente de la pomposidad/producción de su famosa banda. En «Regions Of Light And Sound Of God» importa la voz, la letra, la atmósfera. La sensación es la de que estamos ante un disco sin apenas artificio, donde la belleza es real, como lo son los sentimientos de un Jim James en estado de gracia, que, a sus 35 años y tras seis álbumes con MMJ (más otro con Monsters Of Folk), cuenta ya con las tablas y la madurez suficientes como para presentarse en solitario como uno de los compositores e intérpretes más importantes de su generación.

 

 

8. DEERHUNTER – MONOMANIA (4AD)


 

 

 

«Monomania» no nos gusta tanto como «Halcyon Digest» (2010) pero es que, de hacerlo, seguramente ocuparía algún peldaño en el podio de esta lista. A pesar de ello, el nuevo (sexto) trabajo de Bradford Cox al frente de su grupo más conocido (el otro es Atlas Sound), Deerhunter, es uno de los esenciales de este 2013. Y hablamos de un buen disco de pop-rock, con reminiscencias de bandas ya clásicas del indie rock… y lejos pues de las comparaciones con proyectos más experimentales como Animal Collective. Además, el disco suena compacto, sin altibajos, lo cual es bastante cuando hablamos de una colección de canciones más que de un LP con un concepto claro. Y, lo mejor de todo, es que, más allá de etiquetas y filias, Deerhunter siguen siendo únicos, como lo es su larguirucho y carismático líder, un personaje llamado a darnos muchas más alegrías aún.

 

 

7. SAVAGES -SILENCE YOURSELF (POP NOIRE / MATADOR)


 

 

 

Estas cuatro chicas de Londres la están liando muy gorda. De hecho, empezaron a hacerlo aún antes de publicar su primer LP, este «Silence Yourself» que nos ocupa. Y es que, a día de hoy, la banda solo lleva cosa de un año y medio en activo, pero lo suyo va camino de convertirse en algo grande. Deslumbraron con sus primeras (y últimas) actuaciones, convencieron (y dejaron con ganas de más) con su primer EP («I Am Here«, 2012) y ahora han confirmado todo lo bueno que apuntaban con un disco que las sitúa como el cruce perfecto de Siouxie and The Banshees y Joy Division… en pleno 2013. Además, Ayse Hassan, Fay Milton, Gemma Thompson y la carismática y enérgica vocalista Jehnny Beth tienen actitud, tienen imagen y, lo más importante, grandes canciones («Shut Up«,  «Strife«, «She Will«,»I Am Here«). Fulgurante inicio de carrera.

 

 

6. DAFT PUNK – RANDOM ACCESS MEMORIES (COLUMBIA / SONY)


Precedido de una demesurada campaña promocional, el lanzamiento del cuarto disco de estudio de Daft Punk ha sido todo un acontecimiento. Tras llegar a oídos y estar en boca de todos, Guy-Manuel de Homem-Christo y Thomas Bangalter bien podrían jubilarse y vivir un retiro dorado tras este LP que, sin ser el mejor de su carrera (insuperable aquel «Homework» de 1997) es, como poco, un disco sorprendente. Y lo es, ante todo, porque cuando esperábamos un álbum de electrónica para masas, van los galos y se sacan de la manga una colección de canciones que, directamente, nos dirige a finales de los años 70 vía música disco. ¿Que quieres bailar? Pues hazlo… como lo hacían tus padres. Un zas en toda la boca a todos aquellos que, acorde con los tiempos, solo buscan beats hipervitaminados y placer efímero. Un disco diametralmente opuesto a la música de baile y a los sonidos sintéticos de éxito en la actualidad y que tiene más alma y groovy de los que conseguirá Skrillex en toda su carrera. Además, colaboran Pharrell Williams, Nile Rodgers, Panda Bear, Julian Casablancas, Giorgio Moroder

 

 

5. MILES KANE – DON’T FORGET WHO YOU ARE (COLUMBIA / SONY)


 

 

 

El que fuera líder de The Rascals y co-líder de The Last Shadow Puppets (junto a Alex Turner de Arctic Monkeys) ha publicado recientemente su segundo álbum en solitario, un disco que toma todo lo bueno de su debut («Colour Of The Trap«, 2010) y lo mejora, hasta hacer de Miles Kane el verdadero discípulo aventajado de Paul Weller. Según dice el joven artista, su nuevo trabajo tiene mucho de años 70 y razón no le falta, pues la producción de Ian Broudie (The Lightning Seeds) y las maneras de Kane hacen que nos vengan a la cabeza, no ya los clásicos del sonido mod, sino también algo de glam o de ese blues que Rod Stewart aplicó al pop para convertirlo en éxito en las Islas. Un LP que parece salido de otra época, pero que llevábamos mucho tiempo esperando.

 

 

4. VAMPIRE WEEKEND – MODERN VAMPIRES OF THE CITY (XL / POPSTOCK!)




Según Ezra Koening, vocalista del cuarteto, el álbum es «más oscuro y orgánico» que los anteriores y «el fin de una trilogía«. De hecho, parece el paso lógico tras «Contra» (2010) y, así, ahonda un poquito más en los sonidos electrónicos (a la par que se van alejando de la influencia afrobeat del debut), dotando a su tercer LP de un sonido contemporáneo y muy cuidado, con capas y capas donde confluyen lo sintetizado y lo orgánico. Ezra Koenig, Rostam Batmanglij, Chris Tomson y Chris Baio siguen siendo jóvenes, pero se encuentran en un punto diferente ahora mismo, llámenlo «madurez» si quieren. El caso es que sus canciones ya no son tan urgentes ni eufóricas y, sí, tienen bastante más profundidad… sin dejar de lado la parte lúdica (porque el disco sigue siendo divertido). Buen y diferente pop, alejado de los estándares más manidos y de las fórmulas de éxito previsible.

 

 

3. NICK CAVE AND THE BAD SEEDS – PUSH THE SKY AWAY (BAD SEED / POPSTOCK!)


 

 

 

 

 Lo que más llama la atención del decimoquinto (que se dice pronto) álbum de Nick Cave and The Bad Seeds es que rezuma tranquilidad, paz, sosiego, como si el australiano y los suyos se hubieran cansado del rock and roll más abigarrado… o como si ya hubieran dado buena cuenta de esa vertiente en su otro proyecto, Grinderman. Así, hablamos de un disco más elegante que urgente, más de crooner que de rock star, que sí, que también tiene sus momentos fieros, pero donde triunfan los medios tiempos. Eso sí, el resultado es un tanto oscuro (habrá quien diga que pesimista) y, sin ser tan électrico como otras veces, sigue siendo áspero. Que nadie espere un disco de baladitas, porque no.

 

 

2. QUEENS OF THE STONE AGE – …LIKE CLOCKWORK (MATADOR)


 

Seis añazos después de «Era Vulgaris» (2007), la verdad es que había muchas ganas de volver a contar con un disco de Josh Homme y sus Queens Of The Stone Age, más cuando la banda llegaba complementada por artistas invitados como Dave Grohl (Foo Fighters), Mark Lannegan (Screaming Trees), Alex Turner (Arctic Monkeys), Trent Reznor (Nine Inch Nails), Jake Shears (Scissor Sisters) o el mismísimo Elton John, sin olvidar al ex QOTSA Nick Oliveri. Una variopinta nómina de colaboradores que alimentaba nuestro interés por la obra a la par que asustaba un poco. Sin embargo, no ha servido sino para potenciar el sonido del grupo, en ningún caso para desvirtuarlo, a la par que ha demostrado que Homme es un tipo con amplitud de miras. De hecho, bien podríamos decir que el grupo está cada vez más alejado del stoner rock que les dio fama y, si bien persisten los riffs característicos, la paleta de colores es ya mucho más amplia. Un clásico… contemporáneo.

 

1. MY BLOODY VALENTINE – M B V (AUTEODITADO)


 

 

El primer álbum de My Bloody Valentine en 22 años levantó tanta expectación como halagos merece la obra, una vez visto el resultado. Desde luego, era muy difícil imaginarse cómo sonaría, más de dos décadas después, la música de los responsables del enorme «Loveless» (1991), a no ser que, justamente, nos fijásemos en esa su última obra. Y, efectivamente, «m b v» continúa por aquel camino, el de las voces susurrantes, las guitarras en primer plano y una base rítmica que late en el subsuelo. Así es, al menos al principio, porque luego se abre hacia otros caminos, quizá más amables, y muestra otros ecos sonoros, haciendo más rica la propuesta. En definitiva, un disco que suena como han de sonar My Bloody Valentine y que, lejos de mostrar mella alguna por el paso del tiempo, supera las expectativas. Un retorno muy esperado y un disco tan grande como las ganas que teníamos de disfrutar de él.

 

 

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