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Entrevistas

El Diablo de Shanghai: «No nos vais a ver con sombrerito y camisa hawaiana»

Entrevista a El Diablo de Shanghai, de actualidad por «Testamento», un claro paso al frente con una propuesta muy personal.

Portada de "Testamento" (El Diablo de Shanghai)
Entrevistamos a la banda barcelonesa, de plena actualidad por «Testamento», su segundo álbum, con el cual han dado un claro paso al frente con una propuesta a medio camino entre lo reflexivo y poético del spoken word y lo urgente y nervioso del punk, un disco de madurez que llega cuando apenas vislumbran la treintena

Debutaron en formato largo hace tres años con «113 Pasos Adelante en el Ensanche» (Candorro, 2023), un disco enérgico y juvenil pero con matices y fuste, y el pasado febrero sacaban «Testamento» (Candorro, 2026), un LP de ¿madurez? en el que El Diablo de Shanghai han terminado de hacerse adultos, tanto en la concepción vital del término, como en su traslación a lo musical y lírico.

Un trabajo que juega con las intensidades, con los cambios de ritmo, con lo cantado y lo contado, con lo urgente y lo poético, con lo personal y lo generacional. Un paso adelante se mire como se mire.

Un álbum que bien merecía una charla, en definitiva, más cuando el grupo barcelonés está a punto de interpretarlo en directo en Bilbao, en la Fiesta de Presentación del festival Ebrovisión, la cual tendrá lugar el próximo jueves, 25 de junio, en la sala Lumiére (antiguo Muelle), para la cual tienes entradas a la venta aquí.

Le pegamos un telefonazo a Albert-Vicente Muñoz (guitarra), en representación de un grupo completado por Juan Poch Higuera «Juana» (guitarra), Víctor Vidal Maps (bajo), Iñaki García Estévez (batería) y Juan Trias de Bes «Juanito» (voz).

Ayer le enseñé el disco a un colega y me dijo viendo la portada: “Pero, ¿qué son, 13?” No, no… Erais cuatro y ahora sois cinco, ¿verdad?

Sí, eso es, éramos cuatro con el primer disco, ahora somos uno más. Yo me he pasado de la batería a la guitarra y pusimos Iñaki a la batería.

Tengo entendido que un marinero, un compositor clásico, un estudiante de arquitectura, un albañil… ¿y?

El nuevo es árbitro de waterpolo y el estudiante de arquitectura es ya arquitecto, ja, ja.

Una banda que no es nueva… pero que en este 2026 está emergiendo claramente. Y, con todo por delante, el nuevo disco se llama “Testamento”. 

Sí, así es, este año hemos crecido bastante, hemos dado un paso al frente. El pasado fin de semana estuvimos en Mallorca por primera vez y ha sido muy chulo, estamos tocando en salas más grandes… pero nos queda mucho por delante. Lo de «Testamento» es más reflejo de una etapa que se acaba y otra que empieza, unos 20 que se van difuminando y unos 30 que ya asoman con otras responsabilidades y otros asuntos vitales.

El ciclo de la vida. Irrumpen nuevos paradigmas y esto afecta a la música, entiendo.

Completamente. Creo que se ha reflejado en nuestros trabajos. El primero era más desenfadado y el nuevo se toma un poco más en serio a sí mismo, tanto a nivel lírico como musical.

Sois un grupo de bastantes contrastes. En el nuevo álbum jugáis ellos ya desde el primer corte. Más cambios de ritmo que Lamine Yamal.

Ja, ja, me gusta eso, es un buen símil. Es algo que nos atrae mucho, un reflejo de la forma que tenemos de componer, donde convergen varias ideas que luego hay que ensamblar en el estudio y el resultado es este. Empiezan a cambiar de ritmo, de tempo, de rollo… y eso da espacio a la forma de cantar las letras, o de hablarlas.

Juanito canta… pero más bien cuenta. Es un poco rollo “spoken word”, más recitado que otra cosa. Se destaca de vosotros el ramalazo punk, pero la verdad es que sois muy poéticos. Aunque va a ratos. Esto os diferencia de la mayoría de grupos del panorama.

Sí, creo que así es. Lo nuestro es una influencia más extranjera, por así decir, más de grupos rollo The Fall y así, esa sería la manera de entender mejor nuestro lado punk.

El Diablo de Shanghai // Candorro

Aquí el punk se entiende como acelerado, directo, urgente. Vosotros tenéis ese lado más pausado, abstracto, retorcido.

Totalmente… y nos gusta que así sea. Creemos que funciona y que tiene gracia. Las canciones pueden ser accesibles de primeras, aunque sea música que no es comercial, pero si quieres indagar en ellas… vas a encontrar matices, elementos específicos, cositas que hacen que las canciones se alarguen.

Tenéis canciones largas y de letras con mucha miga. El que las cante enteras en los conciertos es muy pero que muy fan, eh.

Cuando tocamos en Barcelona en abril la gente empezó a corearlas antes de que empezaran, fue una pasada. La última del disco, que casi dura nueve minutos y que a mí mismo me costaría ahora recitarla entera, pues había quienes se la sabían.

Por ejemplo, decís eso de «si esta no es la persona que quieres ser, prueba a apagarte y volverte a encender». Siempre se puede uno reiniciar. Nos cuesta un mundo, pero.

Así es. Si estás yendo por un camino que dices «hostia, por aquí no es, esto no es lo que quiero hacer», oye, haz un reset. Y esto es aplicable en términos musicales. Hay grupos incapaces de evolucionar, de reinventarse, de ir más allá. Yo creo que nosotros tenemos esa virtud y lo que hagamos más adelante tendrá poco que ver con lo que hemos hecho ahora.

Recientemente hablaba con Triángulo de Amor Bizarro, que también saben lo que es ir bastante a su bola, evolucionar sin perder la identidad y tener un claro componente punk. En su nuevo trabajo cantan eso de “Odio a mi generación” y vosotros en «Pisa fuerte» os acordáis de las amistades de la infancia y la dificultad de mantenerlas hoy en la vida adulta. ¿Pensáis que tenéis un punto generacional?

Es un reflejo de lo que nos pasa en el día a día, de los miedos, de las inquietudes. El rollo generacional nos sale sin planteárnoslo.

Nombraba a TAB y, como pasa con ellos, creo que la etiqueta “indie”, hoy en día no sirve para encasillaros.

A mí la etiqueta «indie» no me molesta, aunque siento que está absolutamente prostituida por cierto tipo de grupos o incluso de discográficas major que se han atribuido esa etiqueta, pero en realidad es una manera de hacer y la forma en la que nosotros trabajamos con nuestro sello, Candorro, que es Fer de Camellos, su hermano y otro colega, que están enamorados de ciertos grupos y quieren tirar adelante con ellos, haciendo cosas al más puro estilo DIY, pues sí, es completamente indie, una idea de entender la música alternativa. Claro que no nos vas a ver con el sombrerito y la camisa hawaiana, eso no va a pasar, ja, ja.

Pues en lo de los nombres compuestos con ciudades o países sí que habéis caído…

Es verdad, es verdad, en ese cliché sí que hemos caído, ja, ja. Aunque pienso que tenemos un poco más de gancho, es un nombre un poco más agresivo, quizá.

Que viene de «El embrujo de Shanghai», la novela de Juan Marsé, ¿no? Esa referencia literaria también os define un poco, ya de salida.

Sí, completamente, aunque hay varios orígenes del nombre y alguna historia que nos hemos inventado, ja, ja. No todos en el grupo somos superlibreros, yo sí, pero sí que hay algo muy literario en el grupo, en la manera de pensar, hacer y novelar nuestras historias.

Detalle de portada de «Testamento»

¿Dónde está el sitio de EDDSH, con quién os gustaría codearos? He nombrado a Triángulo, han salido Camellos…

Triángulo es un grupo absolutamente referente y con una carrera envidiable. Camellos, también. Los fuimos a ver a La Riviera, que tocaron para celebrar su 10º aniversario, y fuimos algunos desde Barcelona. Fue muy emocionante. Pero hay grupos más jóvenes, como Sal del Coche, Corte!… un poco esa onda.

Este próximo jueves, concierto presentación del festival Ebrovisión en Bilbao en la sala Lumiére.

Tenemos muchas ganas, porque no vamos a Bilbao desde 2024, cuando actuamos en El Nido de Pájaro Peligro y fue un día muy chulo. Pensamos que nuestro disco puede funcionar en Euskadi, creo que encaja con el sonido de bandas que han salido de ahí, no sé, como Belako, que nos encantan. Y Ebrovisión es un festival que también mola mucho, hecho por gente entregada a la causa. Y va a a ser nuestra última sala antes de los festivales, justamente. Además, nos va a acompañar Thiago de Laguna Goons, que abrirá el concierto.

¿Cómo está la agenda para después?

Tendremos varios festivales pequeñitos muy chulos: el Polifonic Sound de Barbastro, en Huesca; luego tenemos otro en Cabo de Palos, en Murcia, el Cabo de Pop; iremos al Cabo de Gata, al Ufovisión; volveremos a Menorca en septiembre, al Cranc, que encima Víctor, el bajista, es menorquín y podremos quedarnos unos días en su casa, que esa isla es un tesoro… y en Ebrovisión, aunque no hemos entrado en cartel, igual andamos por ahí a ver si nos hacen caso.

¿Y si esto crece y os llaman de festivales grandes? ¿Tenéis alguna reticencia?

Somos de Barcelona, donde el Primavera Sound ha afectado de primera mano a nuestra cultura de conciertos. Por una parte, el festival es cojonudo, con una oferta internacional que es una pasada, pero ha acabado con el circuito de salas de la ciudad, las bandas ya se esperan a tocar en el festival. Y también tenemos el Sónar, que andaba por detrás con fondos israelíes… tenemos todo lo malo en Barcelona. Por eso me gusta la gira de festivales que tenemos, pequeños y de gente que se juega su pasta y su curro con una propuesta atractiva, cuidada y cercana. Eso sí hace comunidad.

¿Le diríais que no a ciertos festivales?

Dependerá de cuáles, pero tampoco te puedes permitir no ir a sitios. Te pagan cachés, te abren a público… Yo, por ejemplo, sueño con tocar en Bilbao BBK Live.

Voy a acabar como empecé, comentando que estáis en ese momento «emergente», idóneo para pegar un estirón. 

Sí, nos sentimos muy muy bien, disfrutando mucho de tocar en directo, de crecer, estando muy seguros de nosotros y de lo que estamos haciendo. Además, es la primera vez que estamos ganando algo de pasta en vez de perderla. Está siendo un año muy bonito. La gente está conectando de una manera muy real y muy honesta. Es el momento para vernos, la verdad.

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